Se oye muchas veces a los políticos decir que debe gobernar la lista más votada (sobre todo cuando la lista más votada es la suya o la que más beneficiada sale de esta propuesta). Sin embargo, vamos a ver que esto es una solemne tontería.
Y, como ocurre muchas veces, lo mejor es reducir al absurdo el planteamiento.
Vamos a imaginar un pueblo de cien habitantes con derecho a voto, en el que 98 son de izquierdas y dos son de derechas. Sin embargo, las izquierdas, como pasa muchas veces por el afán de protagonismo de algunos de sus líderes, va totalmente dividida. Vamos, que se presentan 98 candidatos de izquierdas a presidir la alcaldía. Mientras tanto, los dos de derechas presentan una lista única que resulta ser la más votada (con dos votos, ya que Pedro Sánchez no vive en este pueblo y por tanto no ha podido equivocarse al votar).
Así pues, la lista más votada resulta ser la del partido de la derecha, con dos votos, frente a 98 partidos de izquierda, que sólo han obtenido un voto. Como el pueblo es imaginario, también la ley electoral es imaginaria, es decir, que por cada voto se obtiene un concejal. El resultado es un ayuntamiento con dos concejales de derechas y 98 de izquierdas. Según la lógica de los que plantean lo de la lista más votada, el alcalde debería ser del partido de la derecha. Y sería así si al menos tres de los concejales de la izquierda no se pusiesen de acuerdo.
Esto último es factible, pero muchos espectadores externos a ese pueblo consideraríamos que los concejales de izquierda de ese pueblo son, por decirlo finamente, idiotas, por dejar gobernar a la derecha.
Ahora volvemos a la realidad. Pero el último planteamiento sigue siendo válido. Si en algún pueblo, en alguna diputación o en alguna comunidad autónoma los representantes de la izquierda dejan gobernar a la derecha, pese a que esta tenga menos representantes, es que esos representantes de la izquierda son idiotas.
La democracia está corrupta. Hacen falta ideas para sanearla. Este es el objetivo de este blog. En twitter estamos en http://twitter.com/estoesdemocraci
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domingo, 31 de mayo de 2015
jueves, 23 de agosto de 2012
El pueblo soberano
Elecciones en el País Vasco. Todos los partidos empiezan ya con su lista de promesas. La actualidad informativa empieza a estar copada por actos simbólicos. Lo que no han hecho en mucho tiempo lo quieren hacer ahora en cuatro días. Inauguraciones, mítines, tomas de posesión, besos a niños...
¿Tiene sentido todo esto? ¿No es otro gasto innecesario?
Entiendo que hace 35 años, cuando los partidos venían de cuatro décadas de prohibición, tal vez fuese necesario darse a conocer de esta forma. Pero hoy en día, todos nos conocemos. El día a día de los partidos lo podemos seguir en los medios de comunicación tradicionales o en internet.
¿Qué sentido tiene hoy un mitin al que ya sólo acuden los convencidos?
También entiendo que, con el actual sistema, los partidos echen el resto para conseguir arañar un voto, ya que lo van a tener cautivo durante los próximos cuatro años. Entonces, ese es el problema. Como comentaba en una entrada anterior, con los medios técnicos actuales, el voto no debería ser cautivo, sino que podría cambiar cuando el votado nos defrauda. Es decir, que las instituciones estarían siempre actualizadas al gusto del pueblo. Tomas de postura contrarias al sentir de los electores serían inmediatamente penadas con un descenso de la representatividad.
Y se evitarían las tediosas campañas electorales. Lo cual nos ahorraría tiempo y dinero. La campaña electoral sería, simplemente, la actividad cotidiana. Ya no se trataría de decir "voy a hacer esto y lo otro", sino de demostrar "estoy haciendo esto y lo otro". Y si los ciudadanos que te han votado están conformes, mantendrás su confianza e incluso podrás ganar la de otros que no habían creído en tu programa. Pero si actúas en contra del sentir de tus votantes, perderás su confianza. Y la puedes perder de un día para otro.
Hoy en día hay mucha gente que se dice desencantada de la política. Y no me extraña. Salvo los muy devotos de un partido, que aceptan con resignación sus vaivenes programáticos, el resto ve que su voto sólo sirve para encumbrar a una fuerza política que durante los próximos años va a hacer y deshacer a su antojo, incluso en contra de los principios por los que les otorgó su confianza.
El voto instantáneo, como se explica en http://estoesdemocracia.blogspot.com.es/, permitiría a toda esa masa social percibir que nuevamente se le tiene en cuenta, que su opinión sirve, que, en fin, son los que mandan, son el pueblo soberano.
¿Tiene sentido todo esto? ¿No es otro gasto innecesario?
Entiendo que hace 35 años, cuando los partidos venían de cuatro décadas de prohibición, tal vez fuese necesario darse a conocer de esta forma. Pero hoy en día, todos nos conocemos. El día a día de los partidos lo podemos seguir en los medios de comunicación tradicionales o en internet.
¿Qué sentido tiene hoy un mitin al que ya sólo acuden los convencidos?
También entiendo que, con el actual sistema, los partidos echen el resto para conseguir arañar un voto, ya que lo van a tener cautivo durante los próximos cuatro años. Entonces, ese es el problema. Como comentaba en una entrada anterior, con los medios técnicos actuales, el voto no debería ser cautivo, sino que podría cambiar cuando el votado nos defrauda. Es decir, que las instituciones estarían siempre actualizadas al gusto del pueblo. Tomas de postura contrarias al sentir de los electores serían inmediatamente penadas con un descenso de la representatividad.
Y se evitarían las tediosas campañas electorales. Lo cual nos ahorraría tiempo y dinero. La campaña electoral sería, simplemente, la actividad cotidiana. Ya no se trataría de decir "voy a hacer esto y lo otro", sino de demostrar "estoy haciendo esto y lo otro". Y si los ciudadanos que te han votado están conformes, mantendrás su confianza e incluso podrás ganar la de otros que no habían creído en tu programa. Pero si actúas en contra del sentir de tus votantes, perderás su confianza. Y la puedes perder de un día para otro.
Hoy en día hay mucha gente que se dice desencantada de la política. Y no me extraña. Salvo los muy devotos de un partido, que aceptan con resignación sus vaivenes programáticos, el resto ve que su voto sólo sirve para encumbrar a una fuerza política que durante los próximos años va a hacer y deshacer a su antojo, incluso en contra de los principios por los que les otorgó su confianza.
El voto instantáneo, como se explica en http://estoesdemocracia.blogspot.com.es/, permitiría a toda esa masa social percibir que nuevamente se le tiene en cuenta, que su opinión sirve, que, en fin, son los que mandan, son el pueblo soberano.
miércoles, 8 de agosto de 2012
El robo en el taller y el programa electoral
Vamos a hacer un ejercicio de imaginación:
Un día, según voy por la calle, veo un taller automovilístico en el que anuncian lo siguiente: "revisión completa del vehículo, cambio de pastillas de freno, cambio de limpiaparabrisas, cambio de bujías, cambio de aceite, reposición de todos los niveles y limpieza interior". Todo ello por 20 euros.
Como resulta que a mi coche le vendría bien todo eso y el precio me parece muy económico, llevo el coche al taller. Pero cuando lo voy a recoger me dicen que tengo que pagar 500 euros, pero que no me han hecho lo que decía el anuncio. En lugar de eso me han quitado la rueda de repuesto, las alfombrillas y la radio. La disculpa es que la situación está muy mal y que algo tienen que hacer para mantener el negocio.
Lógicamente, me sentiría engañado y esperaría que la justicia se pusiese de mi lado, pues la publicidad tiene validez como contrato. A nadie se le pasaría por la cabeza pensar que la ley iba a permitir semejante desfachatez.
Y, sin embargo, sí la permite.
Ahora ya no tenemos que imaginar nada. Simplemente tenemos que leer el programa electoral del PP en las últimas elecciones generales. En realidad, ni siquiera hace falta leerlo, ya que el propio presidente lo reconoce. Más o menos viene a decir lo mismo que el del taller imaginario: "que la situación está muy mal y que algo tienen que hacer para mantener el negocio".
Y, al parecer, la ley se lo permite. Yo creo que el poder judicial debería actuar de oficio contra este engaño, este incumplimiento de contrato. No puede ser que cualquier partido político llegue al poder con unas promesas y, a pesar de no cumplirlas, tenga la desfachatez de mantenerse al frente del país. Las elecciones no son una carta blanca para que el vencedor haga y deshaga lo que le parezca. No votamos a los candidatos en base a su cara bonita, sino en base a un programa, a una oferta que nos hacen a los ciudadanos. Si no la pueden cumplir, deberían cesar de forma inmediata, en cuanto sean conscientes de ello.
Ahora salen con la disculpa de que no conocían bien la situación y por eso prometieron cosas que luego han visto que no podían llevar adelante.
En las subastas públicas existe una figura que se llama "baja temeraria". No soy experto en el tema, pero por lo que conozco viene a ser algo así como presentar ofertas difíciles de cumplir con el único fin de hacerse con el trabajo, aun a sabiendas de que se va a hacer de una forma deficiente. Yo creo que eso mismo está pasando en nuestra clase política y, si no se toman medidas para evitarlo, nos vamos a encontrar con que va a ser imposible saber si lo que nos están ofreciendo en campaña tiene algún viso de convertirse en realidad o simplemente es una trampa para incautos.
El objetivo de este blog es descubrir los fallos del sistema y proponer cambios. Seguro que somos muchos los que queremos sanear esta democracia, que cada día está más putrefacta. Yo voy a aportar mis ideas, y abro estas páginas a todas las ideas que vayan en el mismo camino.
Y como primera idea, propongo una ley por medio de la cual los partidos que se presenten a las elecciones tengan que certificar su programa electoral y estén obligados a cumplirlo. En la propia ley se deberían establecer duras sanciones en los casos de incumplimiento. Y, por supuesto, la obligación de cesar en el ejercicio del cargo.
Lo anterior no tiene mayor problema cuando un partido alcanza la mayoría absoluta, como sucede actualmente: o cumple o no cumple (como sucede actualmente). El problema viene cuando se forman gobiernos de coalición, en los que es necesario pactar. Supongo que habrá otras ideas, pero a mí se me ocurre que el resultado del pacto se someta a referéndum. Sería una forma de que el pueblo soberano participe de ese toma y daca y dé el visto bueno final.
Un día, según voy por la calle, veo un taller automovilístico en el que anuncian lo siguiente: "revisión completa del vehículo, cambio de pastillas de freno, cambio de limpiaparabrisas, cambio de bujías, cambio de aceite, reposición de todos los niveles y limpieza interior". Todo ello por 20 euros.
Como resulta que a mi coche le vendría bien todo eso y el precio me parece muy económico, llevo el coche al taller. Pero cuando lo voy a recoger me dicen que tengo que pagar 500 euros, pero que no me han hecho lo que decía el anuncio. En lugar de eso me han quitado la rueda de repuesto, las alfombrillas y la radio. La disculpa es que la situación está muy mal y que algo tienen que hacer para mantener el negocio.
Lógicamente, me sentiría engañado y esperaría que la justicia se pusiese de mi lado, pues la publicidad tiene validez como contrato. A nadie se le pasaría por la cabeza pensar que la ley iba a permitir semejante desfachatez.
Y, sin embargo, sí la permite.
Ahora ya no tenemos que imaginar nada. Simplemente tenemos que leer el programa electoral del PP en las últimas elecciones generales. En realidad, ni siquiera hace falta leerlo, ya que el propio presidente lo reconoce. Más o menos viene a decir lo mismo que el del taller imaginario: "que la situación está muy mal y que algo tienen que hacer para mantener el negocio".
Y, al parecer, la ley se lo permite. Yo creo que el poder judicial debería actuar de oficio contra este engaño, este incumplimiento de contrato. No puede ser que cualquier partido político llegue al poder con unas promesas y, a pesar de no cumplirlas, tenga la desfachatez de mantenerse al frente del país. Las elecciones no son una carta blanca para que el vencedor haga y deshaga lo que le parezca. No votamos a los candidatos en base a su cara bonita, sino en base a un programa, a una oferta que nos hacen a los ciudadanos. Si no la pueden cumplir, deberían cesar de forma inmediata, en cuanto sean conscientes de ello.
Ahora salen con la disculpa de que no conocían bien la situación y por eso prometieron cosas que luego han visto que no podían llevar adelante.
En las subastas públicas existe una figura que se llama "baja temeraria". No soy experto en el tema, pero por lo que conozco viene a ser algo así como presentar ofertas difíciles de cumplir con el único fin de hacerse con el trabajo, aun a sabiendas de que se va a hacer de una forma deficiente. Yo creo que eso mismo está pasando en nuestra clase política y, si no se toman medidas para evitarlo, nos vamos a encontrar con que va a ser imposible saber si lo que nos están ofreciendo en campaña tiene algún viso de convertirse en realidad o simplemente es una trampa para incautos.
El objetivo de este blog es descubrir los fallos del sistema y proponer cambios. Seguro que somos muchos los que queremos sanear esta democracia, que cada día está más putrefacta. Yo voy a aportar mis ideas, y abro estas páginas a todas las ideas que vayan en el mismo camino.
Y como primera idea, propongo una ley por medio de la cual los partidos que se presenten a las elecciones tengan que certificar su programa electoral y estén obligados a cumplirlo. En la propia ley se deberían establecer duras sanciones en los casos de incumplimiento. Y, por supuesto, la obligación de cesar en el ejercicio del cargo.
Lo anterior no tiene mayor problema cuando un partido alcanza la mayoría absoluta, como sucede actualmente: o cumple o no cumple (como sucede actualmente). El problema viene cuando se forman gobiernos de coalición, en los que es necesario pactar. Supongo que habrá otras ideas, pero a mí se me ocurre que el resultado del pacto se someta a referéndum. Sería una forma de que el pueblo soberano participe de ese toma y daca y dé el visto bueno final.
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