domingo, 31 de mayo de 2015

Desmontando tonterías: la lista más votada

Se oye muchas veces a los políticos decir que debe gobernar la lista más votada (sobre todo cuando la lista más votada es la suya o la que más beneficiada sale de esta propuesta). Sin embargo, vamos a ver que esto es una solemne tontería.

Y, como ocurre muchas veces, lo mejor es reducir al absurdo el planteamiento.

Vamos a imaginar un pueblo de cien habitantes con derecho a voto, en el que 98 son de izquierdas y dos son de derechas. Sin embargo, las izquierdas, como pasa muchas veces por el afán de protagonismo de algunos de sus líderes, va totalmente dividida. Vamos, que se presentan 98 candidatos de izquierdas a presidir la alcaldía. Mientras tanto, los dos de derechas presentan una lista única que resulta ser la más votada (con dos votos, ya que Pedro Sánchez no vive en este pueblo y por tanto no ha podido equivocarse al votar).

Así pues, la lista más votada resulta ser la del partido de la derecha, con dos votos, frente a 98 partidos de izquierda, que sólo han obtenido un voto. Como el pueblo es imaginario, también la ley electoral es imaginaria, es decir, que por cada voto se obtiene un concejal. El resultado es un ayuntamiento con dos concejales de derechas y 98 de izquierdas. Según la lógica de los que plantean lo de la lista más votada, el alcalde debería ser del partido de la derecha. Y sería así si al menos tres de los concejales de la izquierda no se pusiesen de acuerdo.

Esto último es factible, pero muchos espectadores externos a ese pueblo consideraríamos que los concejales de izquierda de ese pueblo son, por decirlo finamente, idiotas, por dejar gobernar a la derecha.

Ahora volvemos a la realidad. Pero el último planteamiento sigue siendo válido. Si en algún pueblo, en alguna diputación o en alguna comunidad autónoma los representantes de la izquierda dejan gobernar a la derecha, pese a que esta tenga menos representantes, es que esos representantes de la izquierda son idiotas.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Somos y Podemos

Nos lo están robando todo:
Las casas donde vivimos
El pan que nos alimenta
Y hasta el sol que nos alumbra.

¿Hasta cuándo seguiremos aguantando?
¿Cuándo alzaremos los puños?
¿Cuándo diremos ¡basta! y saldremos de esta penumbra?

Por robar nos han robado
Hasta el nombre de los pueblos
Santander, Bilbao o Burgos
Sabadell, Madrid, Bizkaia…

¿Hasta cuándo seguiremos aguantando
Gobiernos incompetentes,
Sucios corruptos que roban porque la gente se calla.

Herederos de asesinos,
Ladrones que se cobijan
Bajo siglas corrompidas,
Monarcas de apocalipsis…

¿Hasta cuándo seguiremos aguantando
Políticos que confían
En ídolos de madera para salir de las crisis?

Nos dicen que hay que remar
En la misma dirección
Pero ellos siguen sentados
Sin dar impulso a sus remos

Pero ya no seguiremos aguantando
Pues sabemos quiénes somos,
Sabemos bien nuestras fuerzas y sabemos que podemos.

sábado, 14 de junio de 2014

Los políticos no tienen los pies en la tierra

Uno de los grandes problemas de los políticos es que no tienen los pies en la tierra. En general se dedican únicamente a lo que consideran los grandes temas, los que les proporcionan popularidad y salir en los medios de comunicación, y se olvidan de los problemas del día a día, que son los que realmente interesan al ciudadano de a pie.

Ha habido en la historia muchos políticos que han ascendido haciendo creer a la población que eran uno más, que iban a ser los representantes de sus problemas y los que les iban a dar solución. Pero en cuanto han llegado a tocar cuotas de poder, se han convertido en lo que, acertadamente, Pablo Iglesias ha denominado "la casta".

Esa casta llega un momento en el que sólo se preocupa por perpetuarse a sí misma. No tiene más interés que ganar las elecciones para seguir viviendo de la que se ha convertido en su profesión: ser político.

Mujica, el presidente de Uruguay lo ha dicho bien claro: quien quiera ganar dinero, que se dedique a ser empresario o a otra cosa; pero los políticos estamos para servir al pueblo.

¡Ojalá muchos pensasen como él! y ¡ojalá los ciudadanos supiésemos distinguir quiénes han hecho de la política una profesión con la que ganarse la vida y, si es posible, enriquecerse y quiénes están ahí para servir al pueblo!

Y parece que no debería ser muy difícil, pues estos últimos se pueden contar con los dedos de una mano, y seguramente sobran.

Por todo ello, no es de extrañar que ante problemas puntuales de los ciudadanos lleguen a triunfar movimientos sociales que buscan dar una respuesta que no encuentran en la clase política. Es el caso de los desahucios, por ejemplo,

Me he permitido hacer un pequeño experimento. Sé que no tiene ningún valor científico, pero me ha confirmado algo que me temía: temas puntuales que no generen noticia no interesan a los políticos. En efecto, he enviado twits a diferentes políticos teóricamente solidarios, pidiendo su apoyo para una campaña de crowdfunding con tintes solidarios relacionados con la salud y también medioambientales. No voy a desvelar el listado, pero sí quiero decir que la petición era tan simple como que difundan ese proyecto, algo que no cuesta más que tocar una tecla y retwitear. Por supuesto, preferiría (y de hecho así deberían hacerlo) que leyesen el proyecto para ver que no se les está intentando colar nada raro. Pues sólo uno lo ha hecho: el Partido Pirata.

Podría decir que me han decepcionado, pero no voy a decirlo, porque la realidad es que me lo esperaba. Por si alguien se pregunta de qué proyecto se trata, aquí dejo el link: www.goteo.org/project/the-open-shoes. Y también por si alguien se lo preguntaba, yo he colaborado con el proyecto en la medida de mis escasas posibilidades económicas.

martes, 4 de marzo de 2014

La crisis estaba preparada desde hace años

Cuando hablamos de la crisis, parece que es algo que aparece de repente, sin que nadie sepa cómo ha sido, y se queda con nosotros, haciéndonos retroceder económicamente y en logros sociales. Pero esto no es así. Como suele oírse gritar en manifestaciones, "esto no es una crisis, es una estafa". Probablemente muchos de quienes esto gritan no sepan lo acertados que están.

Esta es una crisis que el gran capital ha ido preparando durante muchos años. Y lo peor de todo no es que estén consiguiendo sus propósitos. Lo peor es que fuimos nosotros quienes les hemos ido dando la pista del camino a seguir.

En efecto, Karl Marx, en el Manifiesto Comunista terminada diciendo: "Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen en cambio un mundo que ganar".

Eran otros tiempos, en los que, por usar el lenguaje de Marx, las clases dominantes mantenían al proletariado en condiciones próximas a la esclavitud, obteniendo grandes plusvalías de esta fuerza de trabajo y cediendo a la misma lo mínimo imprescindible para su mantenimiento físico, para evitar terminar con la gallina de los huevos de oro. Pero estas clases dominantes tenían un cierto miedo. Bien es verdad que tenían a su merced los medios de represión, que no eran sino otros esclavos a los que se dotaba de un poder ficticio sobre el resto. Pero parte del proletariado empezó a tomar conciencia de clase, a darse cuenta de que sin ellos, los ricos no serían ricos, pues los ricos no trabajaban, sino que se limitaban a quedarse con la mayor parte del beneficio que se obtenía del trabajo del proletariado. Y lo mismo sucedía con el campesinado.

Y así las cosas, en algunos lugares empezaron a triunfar revoluciones cruentas que acabaron con el poder económico, y en muchos casos también con las vidas, de grandes capitalistas. Simplificando mucho el proceso, se puede decir que el gran capital se hace consciente de que algo tiene que cambiar para que nada cambie; se da cuenta de la realidad de lo que decía Marx, de que si el proletariado no tiene nada que perder salvo sus cadenas, es un caldo de cultivo continuo para nuevas revoluciones. El gran capital aprende de su enemigo de clase y prepara una estrategia a largo plazo. La idea es simple: hay que adormecer al proletariado, para que deje de ser potencialmente revolucionario. En suma, hay que acabar con el concepto de proletariado, sustituyéndolo por una especie de clase media, que sí tenga algo que perder y que, además, sea el gran capital el que se lo puede hacer perder si se sale del camino marcado.

Así, durante años, se van haciendo pequeñas concesiones: de tipo social, salarial... El proletariado se difumina. Se conceden créditos cuyos acreedores son los únicos que pueden concederlos. Los que durante siglos han obtenido sus beneficios quitándoselos al proletariado, ahora utilizan parte de ese beneficio para prestárselo, en condiciones muchas veces de usura, a los descendientes de quienes han sido víctimas de su latrocinio. Todos somos felices. El proletariado cree que ya no lo es porque dispone de una serie de comodidades que antes estaban reservadas a los grandes capitalistas y estos han conseguido que, cediendo una pequeña parte de sus beneficios, las posibles revoluciones se hayan convertido en meros tira y afloja por unas décimas más de salario. La paz social se había conseguido. O eso es lo que creía la mayoría.

Pero el capitalismo siempre ha sido codicioso. Nunca ha tenido suficiente. No importa que los grades capitalistas tengan mucho más dinero del que pueden gastar ellos y varias generaciones de sus sucesores. Todavía quieren más. Pero no quieren riesgos. Por eso, como decíamos antes, habían urdido una estrategia a largo plazo.

Ahora el proletariado sí que tiene algo que perder: tiene viviendas, automóviles, hijos estudiando, acceso a servicios públicos como la sanidad... Ha ido consiguiendo una serie de comodidades de las que seguramente no quiere prescindir. Y resulta que el acceso a esas comodidades está en manos del gran capital que es quien le está dando trabajo, quien le ha prestado el dinero que necesita para su vivienda, su negocio, su automóvil... Es por tanto el momento de orquestar la estafa de la crisis. Ahora el gran capital va a recuperar lo que ha ido cediendo. Porque ya no hay una gran masa social potencialmente revolucionaria. Porque ya no vamos a salir a la calle a exigir lo que nos pertenece. Porque nos han inculcado el miedo. Porque nos han dormido.

Ahora se trata de convencernos de que hemos estado "viviendo por encima de nuestras posibilidades" para que volvamos a ceder a los grandes capitalistas lo que durante décadas habíamos ido consiguiendo, para que las plusvalías que obtienen de nuestro trabajo vuelvan a crecer. Y los grandes capitalistas son cada vez más grandes porque los actuales medios de producción permiten que las plusvalías sean mayores. Porque el proletariado ya no se reconoce a sí mismo como clase social. Porque la estrategia les ha salido bien.

viernes, 12 de abril de 2013

Emilio Hellín: de asesino a asesor

Emilio Hellín Moro es un nombre que sólo con oírlo me causa escalofríos. Un asesino frío, sin escrúpulos que fue capaz de matar a una joven de 19 años cuyos únicos delitos eran los de ser vasca, ser mujer y querer que la democracia se asentase en nuestro país.

Yolanda era una joven tímida y trabajadora. Tuve la suerte de conocerla y colaborar con ella en su barrio de Deusto en diferentes actividades culturales, en las que ella se implicaba como la que más. Y tuve que llorar su asesinato.

La vida pasa y, querámoslo o no, las cosas y las personas con las que perdemos el contacto, se van olvidando. Pero de repente pueden volver a nuestra memoria y pueden hacernos revivir hechos dolorosos.

El otro día, cuando leí en "El País" que Emilio Hellín Moro se había convertido en asesor de diferentes cuerpos policiales, entre ellos la Ertzaintza, una profunda indignación recorrió todo mi cuerpo. Indignación que se acrecentó al leer el historial carcelario del sujeto. Condenado a 43 años de cárcel, a los 10 meses se fugó junto con un grupo de presos comunes, pero fue detenido a las pocas horas.

Un tiempo después volvió a intentar fugarse durante un traslado de la cárcel de Herrera de la Mancha a la de Cartagena, pero no lo consiguió. Pese a todo y a estar clasificado como preso peligroso, estando en la cárcel de Zamora, el juez de vigilancia penitenciaria de Valladolid, José Donato, le concedió un permiso de seis días (hay que decir que era el cuarto permiso que se le concedía, a pesar de sus antecedentes). Pues Hellín lo aprovechó para fugarse a Paraguay donde, bajo la protección del régimen ultraderechista Alfredo Stroessner, estuvo tres años e incluso montó su propio negocio, asesorando a las fuerzas armadas y policiales paraguayas en temas de su especialidad, como el control de conversaciones telefónicas. Un periodista de "Interviu" lo localizó y consiguió que lo detuviese la Interpol, extraditándolo finalmente a España.

Condenado a 43 años en 1982, 14 años después ya se encontraba en libertad, pese a los años que había estado huido. Precisamente, en 1996 se cambia el nombre por el de Luis Enrique, algo que le concede el Registro Civil de Madrid sin que haya ningún motivo para ello, pese a que el cambio de nombre necesita argumentar motivos de algún tipo. Y en algunos de sus documentos añade una g al final de su apellido, presentándose como Luis Enrique Helling. No tengo ninguna prueba para ello, pero me atrevería a afirmar que los años que pasó en la cárcel recibió un trato de favor. No en vano en el asesinato aparecieron implicados no solo miembros de la extrema derecha, concretamente de Fuerza Nueva, sino de los Cuerpos de Seguridad del Estado..

Considero que todo el mundo tiene derecho a reinsertarse, pero estamos exigiendo que los miembros de ETA pidan perdón por sus crímenes; estamos aplicando doctrinas dudosamente legales para prolongar sus estancias en la cárcel y nos encontramos con la historia de este asesino convicto y confeso, que a todas luces no ha pagado por su crimen y tiene la desfachatez de montar una empresa que trabaja para las fuerzas policiales. Y a pesar de todos los pesares nos lo volvemos a encontrar, como un fantasma del pasado, trabajando para las fuerzas de seguridad y cobrando de todos los españoles, de toda la sociedad con la que, según mi opinión, sigue teniendo una deuda.

Quien quiera más información puede encontrarla en http://yolglez.wordpress.com/, donde también puede encontrar enlaces para páginas en las que firmar para que este asesino no siga a sueldo de todos los españoles.

viernes, 18 de enero de 2013

Todos a la cárcel

El título de esta película de Berlanga es lo primero que me viene a la cabeza estos últimos días, cada vez que veo los informativos.

Hoy no me resisto a escribirlo, a dejar constancia de mi indignación. Según escucho, el popular Bárcenas (popular sobre todo entre los que recibían sus sobres cada mes), repartía dinero a mansalva entre altos cargos de su partido. Cantidades que oscilaban entre 5.000 y 15.000 euros al mes (dicen que esta última cifra sólo la recibía una persona; me vienen varios nombres a la cabeza, pero por el momento, prefiero que sigan ahí).

Ahora todos sus compañeros de partido niegan ser parte de ese latrocinio, de ese reparto que, según se dice, provenía de las comisiones ilegales que se cobraban por adjudicaciones de obras y servicios públicos y  que luego Bárcenas repartía según un criterio ignoto para quien esto escribe pero que me permito sospechar que no sería el propio tesorero el que decidiese el reparto, sino alguien que estuviese por encima suyo en el escalafón del partido.

Es curioso también que Bárcenas, del que ahora muchos reniegan y dicen que hace dos años que no ocupa ya ese puesto, tenga un despacho en la sede de Génova del PP, en el que guarda una documentación que, dicen, es suya y del partido. Y también es curioso que nadie haya ordenado precintar ese despacho para evitar que esa documentación desaparezca, por si alguno de los papeles pudiera incriminar a alguien.

Al principio hacía referencia a "Todos a la cárcel". Pero es que también desconfío de ese título, al enterarme de que la gran mayoría de los indultos que ha promulgado el gobierno en los últimos años han sido a acusados por delitos cuyas víctimas hemos sido todos, es decir, prevaricaciones fundamentalmente. Bueno, hay excepciones, como la reciente del conductor suicida al que se ha indultado y en el que se da la casualidad de que su abogado defensor es compañero del despacho del hijo del ministro de Justicia. La dureza del rostro del ministro llega al punto de que el propio ministro de Interior se haya sentido molesto con el insulto (perdón, el indulto). Espero que, por lo menos, a este indultado no le den también un sueldo de la Administración como en el caso de Carromero.

sábado, 1 de diciembre de 2012

La banda de Rajoy roba a los pensionistas

En un ejercicio de cinismo y abuso de poder, Rajoy acaba de robar parte de su pensión a los jubilados. Con total descaro, Fátima Báñez se atreve a decir que "vamos a pedir la colaboración de nuestros mayores", cuando lo que han hecho es abrirles el bolsillo y quitarles parte de sus, en general, escasos emolumentos.

Hay que dejar claro que la pensión no es un regalo. Durante muchos años, los trabajadores van aportando un dinero. Lo lógico sería que ese dinero quede en un fondo intocable por parte de las autoridades y generando los correspondientes intereses para que, alcanzada la jubilación, el pensionista pueda seguir teniendo unos ingresos.

Es el mecanismo de los fondos de pensiones o de las entidades de previsión social voluntaria que existen en muchos países. En estos casos, son organizaciones ajenas al gobierno las que gestionan ese dinero. Por supuesto, el mecanismo es algo más complejo: parte del dinero se destina a una especie de seguro para cubrir pensiones adelantadas (invalidez...) y la pensión se calcula en función de la esperanza de vida. Es decir que los más longevos se compensan con los que fallecen antes.

Pero, a lo que vamos, es que es un dinero propiedad de quienes lo aportan. Y sería impensable que el gobierno meta mano a ese dinero que no es suyo.

En nuestro caso, como todo está más difuminado, pretenden hacernos creer que es una especie de caridad y el gobierno puede hacer y deshacer según le convenga. Y no es así. No subir el importe que corresponde a las pensiones es simple y llanamente un robo. Y es un robo a las personas más desprotegidas. La situación es aún más grave, si tenemos en cuenta que mientras el gobierno roba con una mano el dinero de los pensionistas, con otra mano se muestra generoso con la banca o la iglesia, por poner dos ejemplos. Es la clásica situación del que invita con dinero ajeno. ¡Qué bien hemos quedado! ¡Hemos rescatado a los bancos! ¡Estamos manteniendo a la Iglesia!

En justicia, parte de esos bancos y parte de las iglesias pertenecen ahora a los pensionistas. Algún juez debería, de oficio, tramitarlo. No se puede consentir que un gobierno robe descaradamente a millones de personas con el beneplácito de la justicia. Porque a estas alturas lo más grave no es que el gobierno haya mentido. Lo de que no iba a tocar las pensiones es su enésima mentira. Lo más grave es que se han convertido, además, en una banda de delincuentes.